jueves, 19 de enero de 2017

Encontré

Que quería salir corriendo
Gritar
Y sacar una foto o dos o tres
Con el gran angular más gran angular del mundo
Para que entrara la inmensidad que viajaba en mis ojos
Porque después de tantos años de búsqueda personal
Cuando empecé a ser más persona y menos búsqueda, ahí me encontré
Me encontré entre una multitud
Y me reconocí
Me reconocí genuina y luchadora
Y brindé por ese sorbo de “todo lo puedo”
Y bailé burlona
Y grité
como grito siempre que imagino que soy libre
En el medio de la calle, a oscuras, con el alma empapada hasta la punta y el pelo también
Y me sentí desgarradoramente libre
Y por fin vomité lo que contuve tantos años:
Encontré mi vocación.

[Luk]


martes, 31 de mayo de 2016

Texto dual de un quizás martes en estado lluvioso

Va a llover. Uno siempre sabe cuando va a llover. Debe ser que huele a cosas por suceder…
… Sin mirar el pronóstico; sin que te duela la pierna de los ancianos; ni siquiera con el pelo suficiente para que se infle, uno lo intuye: se despierta lluvioso, desayuna húmedo, se ducha con agua de lluvia y cuando mira por la ventana...No es la ventana lo que uno ve. No es el vidrio lo que uno ve. Es la nostalgia que se perpetúa en cada espasmo de cada gota que rompe la historia. En realidad, es la historia lo que duele. O decir "en realidad" y saberse lejano, o estar ebrio siendo abstemio, o desayunarse la vida de un sorbo un día al que llamamos martes y está definitivamente lluvioso; y cuando digo definitivamente dudo de que así lo sea, dudo del sorbo, dudo del martes y del desayuno. Si hay certezas son pocas. Una de ellas es que hay agua, químicamente tan definitiva pero de un humor tan variable como su alquimia y sus transformaciones, su danza con improvisación que parece coreográfica. Hay una mímesis entre los acuáticos y el agua en cada momento que, como estos, nada somos y nadamos: escuchando el golpe salado en la piedra o la constante caricia del agua en la fuente. Nada somos, pero estamos, y esto también es definitivo. No hay dudas de que estamos y no hay dudas de que va a llover, de que ya está lloviendo y estamos lloviendo(nos), y de que la lluvia es más un estado que algo que sucede.

Otra

Es cierto. Me pierdo seguido. Pero no es algo que busque ni que anhele desesperadamente, como suele parecer. Simplemente, de forma inesperada, hay momentos en que todos los elementos de un día cualquiera se conectan de forma tal que desembocan en un panorama terrible y confuso. Y me gusta, me conmueve . Y ahí es que me aventuro (sobre todo si llueve) a ser otra. A ser la que no se salva nunca y que juega a tomar caminos que de no ser otra no tomaría, y a encontrarse con resultados que nunca resultarían, y enfrentar abismos que quizás serían muros, y abrazarlos como si fueran olas. Y ahí me debo a la vida, y me dejo caer y me destruyo y desespero en el medio de una calle de adoquines de una noche de tormenta en la que llueve también afuera… Y grito. Siempre grito. O siempre pienso que me gustaría ser la que grita y se deja caer y se destruye y desespera.
… Y después volver no sé a donde, empapada en cosas y tiempos y espacios. Y fumar un pucho y ahuyentar el humo y tocarme la frente como cuando se está cansado hasta de tener frente. Y, irremediablemente, ya no vuelvo a ser yo, nunca vuelvo a ser yo.


VUELO SIN ORILLAS

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

miércoles, 20 de enero de 2016

un constante querer apagarse y encenderse.
























A veces
uno amanece con ganas
de extinguirse ...
como si fuéramos velitas
sobre un pastel
de alguien inapetente.

A veces
nos arden terriblemente
los labios y los ojos
y nuestras narices
se hinchan,
y somos horribles,
y lloramos,
y queremos extinguirnos.
Así es la vida,
un constante querer apagarse
y encenderse.

[Julio]

Moebius



“… Para ese entonces, ya habíamos adoptado una mecánica de soga. Tiraba hasta el cansancio y, cuando finalmente cedía a la tensión – absurdamente disfrutable pero agotadora- dejaba ir la cuerda. Y la dejaba ir completamente inconforme y porque nada tenía sentido si tanta fuerza no estaba destinada más que para su propia extinción. Y era en ese preciso momento, frente a los vestigios de sudor que ya apenas existían, que comenzaba a detectar un leve tirón, proveniente del otro lado de la cuerda…
El problema más frecuente en este tipo de dinámica no es la posibilidad de ruptura, como comúnmente se piensa, sino más bien la posibilidad de perpetuarse y ser absorbido por el gran Moebius.”

[L. D.]

lunes, 18 de enero de 2016

Hay algo

Yo creo que la música ayuda siempre a comprender un poco este asunto. Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada. Lo único que hago es darme cuenta de que hay algo. Como esos sueños, no es cierto, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no estás nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de repente estás acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto.

[J. C.]