martes, 31 de mayo de 2016

Otra

Es cierto. Me pierdo seguido. Pero no es algo que busque ni que anhele desesperadamente, como suele parecer. Simplemente, de forma inesperada, hay momentos en que todos los elementos de un día cualquiera se conectan de forma tal que desembocan en un panorama terrible y confuso. Y me gusta, me conmueve . Y ahí es que me aventuro (sobre todo si llueve) a ser otra. A ser la que no se salva nunca y que juega a tomar caminos que de no ser otra no tomaría, y a encontrarse con resultados que nunca resultarían, y enfrentar abismos que quizás serían muros, y abrazarlos como si fueran olas. Y ahí me debo a la vida, y me dejo caer y me destruyo y desespero en el medio de una calle de adoquines de una noche de tormenta en la que llueve también afuera… Y grito. Siempre grito. O siempre pienso que me gustaría ser la que grita y se deja caer y se destruye y desespera.
… Y después volver no sé a donde, empapada en cosas y tiempos y espacios. Y fumar un pucho y ahuyentar el humo y tocarme la frente como cuando se está cansado hasta de tener frente. Y, irremediablemente, ya no vuelvo a ser yo, nunca vuelvo a ser yo.


VUELO SIN ORILLAS

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

miércoles, 20 de enero de 2016

un constante querer apagarse y encenderse.
























A veces
uno amanece con ganas
de extinguirse ...
como si fuéramos velitas
sobre un pastel
de alguien inapetente.

A veces
nos arden terriblemente
los labios y los ojos
y nuestras narices
se hinchan,
y somos horribles,
y lloramos,
y queremos extinguirnos.
Así es la vida,
un constante querer apagarse
y encenderse.

[Julio]

Moebius



“… Para ese entonces, ya habíamos adoptado una mecánica de soga. Tiraba hasta el cansancio y, cuando finalmente cedía a la tensión – absurdamente disfrutable pero agotadora- dejaba ir la cuerda. Y la dejaba ir completamente inconforme y porque nada tenía sentido si tanta fuerza no estaba destinada más que para su propia extinción. Y era en ese preciso momento, frente a los vestigios de sudor que ya apenas existían, que comenzaba a detectar un leve tirón, proveniente del otro lado de la cuerda…
El problema más frecuente en este tipo de dinámica no es la posibilidad de ruptura, como comúnmente se piensa, sino más bien la posibilidad de perpetuarse y ser absorbido por el gran Moebius.”

[L. D.]

lunes, 18 de enero de 2016

Hay algo

Yo creo que la música ayuda siempre a comprender un poco este asunto. Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada. Lo único que hago es darme cuenta de que hay algo. Como esos sueños, no es cierto, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no estás nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de repente estás acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto.

[J. C.]

Urgente



"… Siempre me imaginaba a mí misma en situaciones que me suponían en un estado de vulnerabilidad tal, que se convertía en casi una obligación para los visitantes escupirme en la cara todo aquello que, eventualmente, no podrían. Situaciones en que el tiempo no sólo resultara escaso, sino que faltara, que ahogara, presentándose en su máxima expresión de tiranía. Digamos que me gustaba crear una atmósfera de urgencia. A mí la vida siempre me pareció algo urgente.
Tal vez fue por eso que nada de esto funcionó. No era suficiente para mí respetar los tiempos de la cotidianeidad, la crudeza de los momentos ralentizando el amor (¿el amor?). Había que jugar a la muerte, a traerlo todo aquí y ahora. Un instante tenía que bastar para sabernos desnudos hasta los huesos o, de lo contrario, irnos a cualquier otra cosa.
Por algún motivo, contrario a mis modos y muy por fuera de mis necesidades, seguí insistiendo, alentando la dinámica de acción y reacción. Absurdo. Idiota."

[L. H.]

viernes, 1 de enero de 2016

Hay que desnudarse



Aunque haya decidido empezar el año profesando una curiosa libertad, las decisiones, muchas veces, no llegan a la par de los sentimientos. Me propuse pensar menos y ahí se disparó en mi cabeza una nómina de sinsentidos que hasta hoy no sabía que existían. Cuando se cree que en la vida ya queda poco que a uno lo sorprenda, es cuando se presentan los absurdos y las contradicciones.
Evaluando, entendiendo, la libertad conlleva este tipo de cuestiones. Si uno se dispone a quedarse livianito y dejarse llevar por cuanto sucede, también es libertad, libertad apasionada, y esto trae consecuencias, y no asumirlas es asumirlas cobardemente, está claro. ¿Pero cómo es posible que sea más sensato abrir el paraguas antes de que llueva? Nosotros no somos ni siquiera de los que llevan paraguas.
Siempre estuve convencida de que uno no encuentra lo que no está buscando, pero me sucede, cada vez con mayor frecuencia, que ya no significa un pendiente importante saber por qué. Pasa lo que pasa, llega lo que llega. Tomarlo, dejarlo, casi siempre da lo mismo. Eventualmente, sale la luna otra vez y estamos nuevamente sumidos en la vulnerabilidad de las profundas confesiones y después viene el “qué nos pasa” y el impulso, y el quedarse ahí mismo, incluso cuando ya nos fuimos y no estamos seguros si estuvimos o no.
Para ser libre primero hay que desnudarse.

>> Luk <<