viernes, 19 de abril de 2013

"Le hizo gracia descubrirse tan hipnotizable, sentir el placer un poco amodorrado de ceder a la imaginación, a los fáciles demonios del calor de mediodía"

[J. C.]

miércoles, 10 de abril de 2013

De las frases que vale la pena repetir



“Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no
aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era
una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo.
Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba."

[J. C.]

jueves, 4 de abril de 2013

[MUTE]



Pienso en los momentos en que éramos seres ajenos, en los que todavía vagábamos entre un enjambre de infinitas posibilidades, y nos cruzábamos únicamente porque el tiempo y el espacio así lo disponían, mientras el café iba y venía y vaya uno a saber por qué yo me imaginaba la borra.

Hoy el tiempo y el espacio son detalles ínfimos y secundarios que hemos cometido el error de olvidar (o quizás recibido la bendición, no puedo estar segura) y es por eso que nos cruzamos, nos entrecruzamos, nos enroscamos y...

Nos encontramos en miradas, nos reímos sin motivo aparente, como disfrutando de una complicidad idílica, como se disfruta cuando no se sabe por qué se disfruta… Y aparentemente, maduramos demasiado más de lo que quizás debíamos. Ahora sabemos que hay un motivo para reírnos, y que reírnos significa… Y que reírnos significa. Y ya no nos reímos siempre, para no agotarlo, para no agotarnos… Y a veces nos ponemos serios y nos damos cuenta de…

De vez en cuando se nos da por llenarnos de palabras. Tantas, que explotan como fuegos artificiales, y salen a borbotones de cualquier lado. Entonces, pareciera que nos encanta merodear entre ellas y jugar a estresarnos tanto, que nos dan ganas de…


Y después la costumbre, el papel carbónico, el pacto de olvido y la risa.


“… Con la desesperación del que no puede hacer nada, precisamente porque nada va a pasar en el nivel donde sería posible hacer algo.”

[J. C.- La Vuelta al día en ochenta mundos]

miércoles, 27 de marzo de 2013

creo que entiendo (pero, sobre todo, creo)

"Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra".


Julio

Me caigo y me levanto



Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurría recaer pero lo mismo está sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablamos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada.
Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo mas recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en si un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de sí mismos antes de la recaída inevitable. 

Pero nosotros, tía, ¿cómo haremos, cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta dónde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, ¿cómo nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba a abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está. Probablemente Ícaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónico, y Dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, como nos rehabilitaremos?

Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvidó que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. En efecto somos lo más que somos porque nos alteramos, salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamás he sabido en qué momento mi tía o yo recaemos. ¿Cómo rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, ¿no será ésa la respuesta, ahora que lo pienso? 

Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo.Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mi me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto. Entonces, yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: "Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito."


Julio Cortázar 

lunes, 4 de marzo de 2013

Esto



Mirame la boca.
Mirame la boca con sus altos y bajos y sus curvas. Mirame la boca con su forma de boca y labios gruesos que se ajustan a mi cuerpo y un poco agrietados cuando esperan. Mirame la boca porque según su color es mi día, y a pesar de que a veces le pase le lengua, la muerda para que corra la sangre antes que las palabras, se queda pálida…
… Pero no ahora. No ahora que te digo mirame la boca… Acercate… Un poco más… Hasta que sientas mi aliento de melón dulce y ya no veas nada, aunque yo insista en que me mires la boca porque con ella hago las cosas que tanto te gustan, como decirte esto.

[http://www.facebook.com/poemarios ]