viernes, 1 de enero de 2016

Hay que desnudarse



Aunque haya decidido empezar el año profesando una curiosa libertad, las decisiones, muchas veces, no llegan a la par de los sentimientos. Me propuse pensar menos y ahí se disparó en mi cabeza una nómina de sinsentidos que hasta hoy no sabía que existían. Cuando se cree que en la vida ya queda poco que a uno lo sorprenda, es cuando se presentan los absurdos y las contradicciones.
Evaluando, entendiendo, la libertad conlleva este tipo de cuestiones. Si uno se dispone a quedarse livianito y dejarse llevar por cuanto sucede, también es libertad, libertad apasionada, y esto trae consecuencias, y no asumirlas es asumirlas cobardemente, está claro. ¿Pero cómo es posible que sea más sensato abrir el paraguas antes de que llueva? Nosotros no somos ni siquiera de los que llevan paraguas.
Siempre estuve convencida de que uno no encuentra lo que no está buscando, pero me sucede, cada vez con mayor frecuencia, que ya no significa un pendiente importante saber por qué. Pasa lo que pasa, llega lo que llega. Tomarlo, dejarlo, casi siempre da lo mismo. Eventualmente, sale la luna otra vez y estamos nuevamente sumidos en la vulnerabilidad de las profundas confesiones y después viene el “qué nos pasa” y el impulso, y el quedarse ahí mismo, incluso cuando ya nos fuimos y no estamos seguros si estuvimos o no.
Para ser libre primero hay que desnudarse.

>> Luk <<

jueves, 31 de diciembre de 2015

"Esa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, agujero en la red del tiempo, esa manera de estar entre, no por encima o detrás sino entre, esa hora orificio a la que se accede al socaire de las otras horas, de la incontable vida con sus horas de frente y de lado, su tiempo para cada cosa, sus cosas en el preciso tiempo, estar en una pieza de hotel o de un andén, estar mirando una vitrina, un perro, acaso teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus senos, y sin
aviso, sin innecesarias advertencias de pasaje, en un café del barrio latino o en la última secuencia de una película de Pabst..."
-Prosa del observatorio (frag.), J. Cortázar-

lunes, 9 de noviembre de 2015

La novela es la autorización de la esquizofrenia.

"Un día del pasado mes de noviembre iba conduciendo por Madrid con mi coche; era más o menos a la hora de comer y recuerdo que me dirigía a un restaurante en donde había quedado con unos amigos. Era uno de esos días típicos del invierno madrileño, fríos e intensamente luminosos, con el aire limpio y escarchado y un cielo esmaltado de laca azul brillante. Circulaba por Modesto Lafuente o alguna de las calles paralelas, vías estrechas y con la obligación de ceder el paso en las esquinas, por lo que no puedes ir a más de cuarenta o cincuenta kilómetros por hora. Así, yendo despacio, pasé junto a un edificio antiguo de dos o tres plantas en el que jamás me había fijado. Sobre la puerta, unas letras metálicas decían: CENTRO DE SALUD MENTAL. Debía pertenecer a algún organismo público, porque encima había un mástil blanco con una bandera española que se agitaba al viento. Circulaba por delante de ese lugar, en fin, cuando de pronto, sin yo pretenderlo ni preverlo, una parte de mí se desgajó y entró en el edificio convertida en un enfermo que venía a internarse. Y en un fulminante e intensísimo instante ese otro yo lo vivió todo: subió, es decir, subí, los dos o tres escalones de la entrada, con los ojos heridos por el resol de la fachada y escuchando el furioso flamear de la bandera, sonoro, ominoso, y aturdidor; y pasé al interior, con el corazón aterido porque sabía que era para quedarme, dentro todo era penumbra repentina, y un silencio algodonoso e irreal, y olor a lejía y naftalina, y un golpe de calor insano en las mejillas. Esa pequeña proyección de mí misma se quedó allí, en el Centro de Salud Mental, a mis espaldas, mientras yo seguía con mi utilitario por la calle camino del almuerzo, pensando en cualquier futilidad, tranquila e impasible tras ese espasmo de visión angustiosa que resbaló sobre mí como una gota de agua. Pero eso sí, ahora yo sé cómo es internarse en un centro psiquiátrico; ahora lo he vivido, y si algún día tengo que describirlo en un libro, sabré hacerlo, porque una parte de mí estuvo allí y quizá aún lo esté. Ser novelista consiste exactamente en esto. No creo que pueda ser capaz de explicarlo mejor."

Rosa Montero, "La Loca de la Casa"

jueves, 15 de octubre de 2015

Carta de Julio Cortázar a Edith Aron, la "Maga" (Fragmento)


Querida Edith:

 No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceppara pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban).
Yo soy otra vez ése, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. ( ... ) Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, ( ... ) de que no le divierta la posibilidad de verme. ( ... ) Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil ( ... ) que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. ( ... ) Sería mucho
peor disimular un aburrimiento. ( ... ) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pullover.


J.-

jueves, 3 de septiembre de 2015

... Todo va a ser hermoso

"Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso."

jueves, 27 de agosto de 2015

La libertad en cautiverio




Elijah era un niño libre. Respiraba la vida a través de los juegos en las veredas del Este de Detroit. Hace algún tiempo decidió que estaba listo para regalar una flor de su jardín a Jana. A lo largo de sus cortos tres años de vida, era la primera vez que palpaba lo que todos llaman amor y que de niño es tan puro y se conoce tan poco. Con ayuda de su madre, seleccionó la flor más bonita y la aprisionó en su bolsillo, mientras peinaba con los dedos su cabellera desprolija y apuntaba sus pies hacia el destino.
Elijah era un niño libre, es cierto, pero la realidad es que no llegó a juntar ninguna flor de su jardín. Muy tempranamente, le fue arrebatada la posibilidad de conocer alguna mujer llamada Jana y enamorarse y jugar a la vida. Murió por un disparo que sucedió accidentalmente por parte de otro niño de apenas once años, quien había tomado del placard de su padre un arma y salido a jugar con ella.
En Estados Unidos hay cada vez más niños que mueren a causa accidentes domésticos con armas de fuego. Niños que alguna vez fueron libres como Elijah e igual de libres como indica la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos: “A well regulated militia being necessary to the security of a free State, the right of the People to keep and bear arms shall not be infringed.”1
Cabe cuestionarse si esas víctimas efectivamente fueron tan libres como sus victimarios, quienes ejercieron sus derechos como buenos ciudadanos americanos y apostaron a la tenencia de un arma quizás para preservar el derecho a la vida o preparar a sus hijos para que se defiendan ante una eventual invasión de dinosaurios, como muestra una campaña publicitaria en Estados Unidos.2 y el triste final consistió en el ejercicio de una libertad en cautiverio, en la que no había otra salida sino la muerte misma, el destino obvio de una bala.
José Carlos Rodríguez, en su texto “Ética y moral de la libertad de armas” menciona que la posesión de un arma no predispone un uso ofensivo de la misma y se explaya acerca de su naturaleza doble: ofensiva y defensiva.3 Resulta
2
interesante evaluar este punto y preguntarse si existe en realidad un carácter defensivo ya que cualquier situación de uso de un arma termina en una ofensa.
Todo aspecto circundante en la argumentación a favor de la tenencia y/o posesión de armas resulta ambiguo y, en muchos casos, contradictorio. Partiendo desde una afirmación sencilla pero esencial en la cuestión, no es posible preservar la vida a través de la muerte. Sencillamente y, a la vista de cualquiera, no es posible dado el único uso efectivo del elemento en cuestión.
También es importante desmitificar  la creencia popular de que las armas hacen a un pueblo libre e igual. La igualdad se rige por la garantía de todos los ciudadanos a ejercer el derecho de ser hombres libres; pero ser hombres libres se convierte en un peligro cuando tiene que ver con la posibilidad de obtener un rifle con la única condición de abrir una cuenta en un banco (como se muestra en la película documental “Bowling For Columbine”).4  ¿Cómo se puede estar seguro de que un individuo cualquiera con un rifle en sus manos ejercerá su libertad responsablemente?
Rodríguez también expone que a mayor libertad de armas menor es el índice de delincuencia, pero cabe cuanto mínimo preguntarse si estos dos factores son relacionables y comparables y si realmente existe relación proporcional alguna entre ellos. En Japón, la legislación que respalda la tenencia y posesión de armas es altamente rigurosa y para acceder a un arma de fuego se debe atravesar un denso proceso que consta de asistencia a clases de tiro y obtención de licencias, entre otros pasos. Es decir, en Japón, es muy complicado el acceso a las armas. Sin embargo el número de crímenes avanza en forma decreciente desde hace once años.5
Las armas confieren status de poder, la posibilidad de estar al mando por poseer algo que otro no, colocándolo en una posición de inferioridad. Se trata de una dinámica de invasor e invadido, de represor y reprimido, en la que el discurso hegemónico está definido por aquel que tiene en sus manos la posibilidad de decidir sobre la muerte. Claro que, en este sentido, puede que suene un timbre conocido y es el de la cultura norteamericana, pero ese es otro tema. 

Luk.-

FUENTES
1-    Constitución de Estados Unidos, SEGUNDA ENMIENDA, Cornell University Law School.
3-    José Carlos Rodríguez, “Ética y moral de la libertad de armas”, Disponible en: http://www.liberalismo.org/articulo/130/53/etica/moral/libertad/armas/ fecha de consulta: 24/08/2015
4-    Bowling for columbine, cine documental, Michael Moore, año 2002.
5-    Disponible en: http://www.nippon.com/es/features/h00068/ fecha de consulta: 24/08/2015

miércoles, 15 de julio de 2015

Nunca se sabe

"Nunca se sabe, hasta el final, si lo que un día cualquiera nos sucede es historia o simple contingencia, si es todo (por trivial que parezca) o es nada (por doloroso que sea)."

Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sabato