"Un día del pasado mes de noviembre iba conduciendo por Madrid con mi
coche; era más o menos a la hora de comer y recuerdo que me dirigía a un
restaurante en donde había quedado con unos amigos. Era uno de esos
días típicos del invierno madrileño, fríos e intensamente luminosos, con
el aire limpio y escarchado y un cielo esmaltado de laca azul
brillante. Circulaba por Modesto Lafuente o alguna de las calles
paralelas, vías estrechas y con la obligación de ceder el paso en las
esquinas, por lo que no puedes ir a más de cuarenta o cincuenta
kilómetros por hora. Así, yendo despacio, pasé junto a un edificio
antiguo de dos o tres plantas en el que jamás me había fijado. Sobre la
puerta, unas letras metálicas decían: CENTRO DE SALUD MENTAL. Debía
pertenecer a algún organismo público, porque encima había un mástil
blanco con una bandera española que se agitaba al viento. Circulaba por
delante de ese lugar, en fin, cuando de pronto, sin yo pretenderlo ni
preverlo, una parte de mí se desgajó y entró en el edificio convertida
en un enfermo que venía a internarse. Y en un fulminante e intensísimo
instante ese otro yo lo vivió todo: subió, es decir, subí, los dos o
tres escalones de la entrada, con los ojos heridos por el resol de la
fachada y escuchando el furioso flamear de la bandera, sonoro, ominoso, y
aturdidor; y pasé al interior, con el corazón aterido porque sabía que
era para quedarme, dentro todo era penumbra repentina, y un silencio
algodonoso e irreal, y olor a lejía y naftalina, y un golpe de calor
insano en las mejillas. Esa pequeña proyección de mí misma se quedó
allí, en el Centro de Salud Mental, a mis espaldas, mientras yo seguía
con mi utilitario por la calle camino del almuerzo, pensando en
cualquier futilidad, tranquila e impasible tras ese espasmo de visión
angustiosa que resbaló sobre mí como una gota de agua. Pero eso sí,
ahora yo sé cómo es internarse en un centro psiquiátrico; ahora lo he
vivido, y si algún día tengo que describirlo en un libro, sabré hacerlo,
porque una parte de mí estuvo allí y quizá aún lo esté. Ser novelista
consiste exactamente en esto. No creo que pueda ser capaz de explicarlo
mejor."
Rosa Montero, "La Loca de la Casa"
lunes, 9 de noviembre de 2015
jueves, 15 de octubre de 2015
Carta de Julio Cortázar a Edith Aron, la "Maga" (Fragmento)
Querida Edith:
No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptópara pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala
del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre
Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver
verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo
perciban).Yo soy otra vez ése, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. ( ... ) Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, ( ... ) de que no le divierta la posibilidad de verme. ( ... ) Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil ( ... ) que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. ( ... ) Sería mucho
peor disimular un aburrimiento. ( ... ) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pullover.
J.-
jueves, 3 de septiembre de 2015
... Todo va a ser hermoso
"Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso."
jueves, 27 de agosto de 2015
La libertad en cautiverio
Elijah
era un niño libre. Respiraba la vida a través de los juegos en las veredas del
Este de Detroit. Hace algún tiempo decidió que estaba listo para regalar una
flor de su jardín a Jana. A lo largo de sus cortos tres años de vida, era la
primera vez que palpaba lo que todos llaman amor y que de niño es tan puro y se
conoce tan poco. Con ayuda de su madre, seleccionó la flor más bonita y la aprisionó
en su bolsillo, mientras peinaba con los dedos su cabellera desprolija y
apuntaba sus pies hacia el destino.
Elijah
era un niño libre, es cierto, pero la realidad es que no llegó a juntar ninguna
flor de su jardín. Muy tempranamente, le fue arrebatada la posibilidad de
conocer alguna mujer llamada Jana y enamorarse y jugar a la vida. Murió por un
disparo que sucedió accidentalmente por parte de otro niño de apenas once años,
quien había tomado del placard de su padre un arma y salido a jugar con ella.
En
Estados Unidos hay cada vez más niños que mueren a causa accidentes domésticos
con armas de fuego. Niños que alguna vez fueron libres como Elijah e igual de
libres como indica la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos: “A
well regulated militia being necessary to the security of a free State, the right of the People to
keep and bear arms shall not be infringed.”1
Cabe
cuestionarse si esas víctimas efectivamente fueron tan libres como sus
victimarios, quienes ejercieron sus derechos como buenos ciudadanos americanos
y apostaron a la tenencia de un arma quizás para preservar el derecho a la vida
o preparar a sus hijos para que se defiendan ante una eventual invasión de
dinosaurios, como muestra una campaña publicitaria en Estados Unidos.2
y el triste final consistió en el ejercicio de una libertad en cautiverio, en
la que no había otra salida sino la muerte misma, el destino obvio de una bala.
José
Carlos Rodríguez, en su texto “Ética y moral de la libertad de armas” menciona
que la posesión de un arma no predispone un uso ofensivo de la misma y se
explaya acerca de su naturaleza doble: ofensiva y defensiva.3 Resulta
2
interesante
evaluar este punto y preguntarse si existe en realidad un carácter defensivo ya
que cualquier situación de uso de un arma termina en una ofensa.
Todo
aspecto circundante en la argumentación a favor de la tenencia y/o posesión de
armas resulta ambiguo y, en muchos casos, contradictorio. Partiendo desde una
afirmación sencilla pero esencial en la cuestión, no es posible preservar la
vida a través de la muerte. Sencillamente y, a la vista de cualquiera, no es
posible dado el único uso efectivo del elemento en cuestión.
También
es importante desmitificar la creencia
popular de que las armas hacen a un pueblo libre e igual. La igualdad se rige
por la garantía de todos los ciudadanos a ejercer el derecho de ser hombres
libres; pero ser hombres libres se convierte en un peligro cuando tiene que ver
con la posibilidad de obtener un rifle con la única condición de abrir una
cuenta en un banco (como se muestra en la película documental “Bowling For
Columbine”).4 ¿Cómo se puede
estar seguro de que un individuo cualquiera con un rifle en sus manos ejercerá
su libertad responsablemente?
Rodríguez
también expone que a mayor libertad de armas menor es el índice de
delincuencia, pero cabe cuanto mínimo preguntarse si estos dos factores son
relacionables y comparables y si realmente existe relación proporcional alguna
entre ellos. En Japón, la legislación que respalda la tenencia y posesión de
armas es altamente rigurosa y para acceder a un arma de fuego se debe atravesar
un denso proceso que consta de asistencia a clases de tiro y obtención de
licencias, entre otros pasos. Es decir, en Japón, es muy complicado el acceso a
las armas. Sin embargo el número de crímenes avanza en forma decreciente desde
hace once años.5
Las
armas confieren status de poder, la posibilidad de estar al mando por poseer
algo que otro no, colocándolo en una posición de inferioridad. Se trata de una
dinámica de invasor e invadido, de represor y reprimido, en la que el discurso
hegemónico está definido por aquel que tiene en sus manos la posibilidad de
decidir sobre la muerte. Claro que, en este sentido, puede que suene un timbre
conocido y es el de la cultura norteamericana, pero ese es otro tema.
Luk.-
FUENTES
1- Constitución
de Estados Unidos, SEGUNDA ENMIENDA, Cornell University
Law School.
3- José
Carlos Rodríguez, “Ética y moral de la libertad de armas”, Disponible en: http://www.liberalismo.org/articulo/130/53/etica/moral/libertad/armas/
fecha de consulta: 24/08/2015
4- Bowling
for columbine, cine documental, Michael Moore, año 2002.
miércoles, 15 de julio de 2015
Nunca se sabe
"Nunca se sabe, hasta el final, si lo que un día cualquiera nos sucede
es historia o simple contingencia, si es todo (por trivial que parezca) o
es nada (por doloroso que sea)."
Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sabato
miércoles, 17 de junio de 2015
"Alguna vez había creído en el amor como enriquecimiento, exaltación de
las potencias intercesoras. Un día se dio cuenta de que sus amores eran
impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero
amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que
el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos
incómodo."
Julio Cortázar
miércoles, 13 de mayo de 2015
Entre Hormigones
Sigue durmiendo, que no quiero que me veas
escupiendo los flecos de tu falda otra vez,
que encontré por los bares y me los metí a pares
entre el hueso y la piel,
sueña despacio con mi palacio,
que es el paraíso en que piso aunque sea un mojón
con tu nombre escrito por los rinconcitos
de su corazon,
cuando despiertes caerás conmigo en el barrizal,
y entre hormigones me verás, entre lunas de alquitrán,
entre sus pezones tiesos,
con las persianas levantás, que a la puta oscuridad
le sobran besos.
Si estás cansada yo te vigilo las hadas
que se van en manada con un trote cabrón,
a lo alto de un cerro
para ver el entierro de la imaginación,
sigue roncando y, de vez en cuando, afloja correa
que veas que yo sigo aquí,
de mala ralea, siempre de berrea, queriendo gemir,
cuando despiertes estaré con los charcos en los pies,
y
aquí estaré, esperando a que pises
todas las mañanas grises y las tardes tuertas,
aquí, de pie, quejío de la acera,
el martillo para espejos de no ver,
querrás saber manantiales
que en mi boca desembocan como lava hambrienta,
te contaré que nunca fuí un poeta,
para las arrugas viejas soy José.
[MAREA]
escupiendo los flecos de tu falda otra vez,
que encontré por los bares y me los metí a pares
entre el hueso y la piel,
sueña despacio con mi palacio,
que es el paraíso en que piso aunque sea un mojón
con tu nombre escrito por los rinconcitos
de su corazon,
cuando despiertes caerás conmigo en el barrizal,
y entre hormigones me verás, entre lunas de alquitrán,
entre sus pezones tiesos,
con las persianas levantás, que a la puta oscuridad
le sobran besos.
Si estás cansada yo te vigilo las hadas
que se van en manada con un trote cabrón,
a lo alto de un cerro
para ver el entierro de la imaginación,
sigue roncando y, de vez en cuando, afloja correa
que veas que yo sigo aquí,
de mala ralea, siempre de berrea, queriendo gemir,
cuando despiertes estaré con los charcos en los pies,
y
aquí estaré, esperando a que pises
todas las mañanas grises y las tardes tuertas,
aquí, de pie, quejío de la acera,
el martillo para espejos de no ver,
querrás saber manantiales
que en mi boca desembocan como lava hambrienta,
te contaré que nunca fuí un poeta,
para las arrugas viejas soy José.
[MAREA]
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