jueves, 13 de diciembre de 2018

Sin querer (queriendo)

Sin querer, me di cuenta de ese movimiento que hacemos mientras nos estamos abrazando. No es que quiera romantizar ese vaivén, quizás lo poético no sea el acto espontáneo de ir de derecha a izquierda y viceversa, sino más bien el hecho de haber reparado en ello. En realidad, es una suerte de danza a medias que empieza a aparecer cuando no queda alternativa y hay que aceptar los motivos que nos convocan, y entonces nos miramos fijo a los ojos y nos agarramos de las manos y nos decimos cualquier cosa, siempre inmersos en ese espacio rítmico. Es algo así como un preámbulo al deseo, el inicio de la conexión, la coordinación de todos nuestros movimientos en una performance conjunta, de izquierda a derecha y viceversa.


Luk

viernes, 28 de septiembre de 2018

Y los ojos


Vengo a escribir todas las cosas que no se dicen. Las palabras que llevo a cuestas. Las que conmigo amanecen y conmigo se duermen. Y yo no quiero dormirme…
Necesito decirlo y significarlo. Y erosionarlo. Y explotarlo todo y que cada palabra arda hasta ser polvo. Y que sea la tragedia más linda y pura.
Necesito la katharsis del cuerpo. Que hable para que no se vuelva un monstruo. Que grite para que no se vuelva un monstruo.
Necesito permitirme la vulgaridad, hacerme pedazos y ser nada y ser todo.
Necesito medir la intensidad en proporción a la descarga. En lo intenso se encuentra la liviandad. Contradictorio, absurdo, genuino. Y en la descarga… Algo de eso de la libertad y los astros y…
Conecto y desconecto, eso es lo que sucede cuando…
Y me embarro, me vuelvo vulgar y me hago pedazos y al final soy nada y soy todo.
Y no importa si son las 2 o las 10 de la mañana. YO NO QUIERO DORMIRME.
Y los ojos. Siempre los ojos y las verdades de los ojos. Y los caminos paralelos que se van destruyendo uno por uno en cada línea de los ojos.

[Luk]

lunes, 27 de agosto de 2018

En serio?

"¿En serio pensás que yo quiero ser tu novio? ¿Y atarte? ¿Y ponerme entre vos y tus proyectos? ¿Permitir que dejes de crear? Si me encanta verte crear. Y creer. No me atrevo a demorarte. Crecé, como crecen las plantas. Yo no podría arrancarte de la tierra y llevarte conmigo porque tarde o temprano morirías. Y yo quiero que crezcas, que eches raíces fuertes y florezcas con la belleza que yo ya vi antes. Y si me das permiso, puedo venir cada tanto a ver cuánto has crecido. Te puedo regalar anécdotas sencillas, te puedo hacer reír un rato. Este amor no desapareció, sólo ha mutado en algo mucho más fuerte, más hermoso, más sano. Algo que ya no necesita etiquetas para saberse real. Hay demasiadas vidas por delante como para detenernos a llorar por lo que esta no ha podido darnos. Yo supe que lo nuestro iba a ser triste y hermoso desde el primer segundo, supe que esa sonrisa me iba a salvar. Si me preguntaras qué somos, te diría que somos la suma de las voluntades que nos habitan en este momento. A eso no podemos ponerle nombre, lo convertiríamos en algo demasiado simple. De este amor no me duele nada, ni siquiera la memoria de otras noches en que la ficción nos hizo creer en la eternidad del instante. Ahora soy importante, tan importante como para atestiguar esta pena honesta, esta consecuencia de haber escuchado tu verdad, de intentar entre los dos eternizar el sentir que muta. Por fin entendimos que en realidad lo que importa es el amor, no la forma que adopta para que podamos experimentarlo"

Juan Solá, Microalmas

lunes, 26 de marzo de 2018

Carta de Ernesto ‘Che’ Guevara a Aleida March.

Carta de Ernesto ‘Che’ Guevara a Aleida March.

“Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía, pero fracasé; tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dulces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles! Quedan trizadas en el trayecto, vibraciones dispersas, nada más. […] Carezco de conductor, tendría que desintegrarme para decírtelo de una vez. Utilicemos las palabras con un sentido cotidiano y fotografiemos el instante.

Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino. No me llames, no te oiría; sólo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […] Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos. Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y dejáme vivirte para siempre en el perenne instante.”

Carta de Ernesto ‘Che’ Guevara a Aleida March.

domingo, 4 de marzo de 2018

Todo ocurre

Y es así que todo ocurre
por sorpresa
entonces hasta el mar
cabe en tus zapatos
la distancia que se rompe
contra el muelle
y un mechón de tu pelo
en este párrafo de viento
se parece a una promesa.

Mauricio Alfredo Escribano

"Imposible la plena comunicación humana. Los otros siempre nos aceptan mutilados, jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes. O nos detestan por algún aspecto nuestro que los mortifica o nos aceptan por algo que es ángel en nuestra carne.También solemos tener días en los que nos permiten comunicarnos y días en que nos amurallan. Estos coinciden con los días que más necesidad de contacto humano tenemos. Seguramente nos rechazan por ese aspecto de mendigos repelentes que proporcionan la angustia y la soledad.Todo esto dicho de un modo confuso, porque no entiendo casi nada del asunto. Pero hoy, mañana y siempre repito que sólo es posible vivir si en la casa del corazón arde un buen fuego"

*Alejandra Pizarnik "Diarios" (frag)

domingo, 4 de febrero de 2018

De " Lo íntimo " de Francois Jullien. 1940. Estación.

"El hombre se encuentra solo en un vagón atestado. (...) hay allí una mujer también sola, sin equipaje - no se sabe de dónde ni cómo ha subido a ese vagón.  Una mirada se detiene en ella, unos fragmentos de frases intercambiadas ... de instante en instante, prudentemente,sinuosamente se acercan.  El sólo sabrá de ella que acaba de salir de prisión ... (...)  El se acuesta en la oscuridad al lado de ella. Se da vuelta sobre ella en un gesto nítido, no brutal, que ella consiente, la penetra. Hay penetración de un cuerpo sobre otro para abrir, para emplazar ahí , en medio de todos esos cuerpos extraños, en ese extraño dormitorio ambulante y amenazado, en ese sitio de impudor en donde están bestialmente hacinados algo que sea su reverso: algo como una intimidad ...(...)  Entre ellos dos han promovido un adentro secreto donde pueden refugiarse contra ese Exterior en debacle, acechante, amenazante en el que son arrastrados "

sábado, 3 de febrero de 2018

Nostalgia del país desconocido


Encontraba papelitos
en libros
bolsos
cajones
Encontraba papelitos
con frases
direcciones
listas
como si fueran mapas
señalando
ciudades
ríos
montañas
"¿Conoces esa enfermedad febril
que se apodera de nosotros en medio de
las frías miserias, esa nostalgia del país desconocido, esa angustia de la curiosidad?"
escritos siempre al margen
guardados en lugares inverosímiles
para saltarle
 zarpazo de León
cuando menos los espera
Si ella pudiera reunirlos
encontraría la lógica secreta
del rompecabezas de su vida
o seguiría faltando la pieza?
Si ella pudiera reunirlos
a todos esos papelitos
escritos a lo largo
y a lo ancho del mundo
donde creyó encontrar el amor
y lo perdió
o lo olvidó
como a uno de esos papelitos
que escribía
para grabarlo en el tiempo.

Klaudia Malatesta

viernes, 12 de enero de 2018

DEJAME ENTRAR
















"Crevel desconfía y lo comprendo. Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos."
Rayuela, capítulo 21.

martes, 9 de enero de 2018

Este texto se llama "El TYMPANON y lo malísima que soy explicando cosas pero le pongo mucha garra" (sí, se llama así)


Cuando era adolescente, era una persona bastante desinhibida. Digamos que me gustaba hacer el papel de idiota (“… el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce…”), desafiar constantemente lo establecido y provocar algo así como rupturas en cualquier ambiente en el que me encontraba. En cierta forma, me complacía desviarme del comportamiento esperado. Por ejemplo, cuando iba a los boliches, jugaba a bailar exageradamente fuera del ritmo, con frecuencia (de ser posible) delante de algún desconocido, trasladando el momento a algo completamente risible y ridículo, mientras algunas de mis amigas se acomodaban tímidamente el pelo y cuidaban cada uno de sus pasos a la vista del entorno. Me interesaba crear atmosferas que rozaran lo absurdo. También era común que optara por iniciar conversaciones con extraños sobre temas que nada tenían que ver con… Nada; el tópico no importaba demasiado porque el objetivo era generar situaciones inesperadas en el receptor, mientras que el mismo efecto se desencadenaba en mí misma, suscitando un goce cuasi escandaloso.
Ese andar me permitía, de a ratos, codearme con algo parecido a la libertad; de esa forma reafirmaba la multiplicidad de posibilidades convocadas por el mero hecho de vivir. Nunca pude lidiar con las exigencias del medio y tampoco fui buena enfrentando imposiciones… Hasta que crecí. No sé bien cuándo ni cómo, pero estoy segura que sucedió porque ahora me cuesta muchísimo sentirme lo suficientemente cómoda como para hacer el papel de idiota. Mejor dicho, como para ser idiota con libertad. Entonces soy idiota en secreto y todo lo que antes lograba trasladar a un plano más terrenal, hoy sólo pasa dentro de mi cabeza. Seguramente estén pensando “Qué triste”, sobre todo porque no existe forma alguna de reproducir esas sensaciones sin exteriorizar la idiotez que me caracterizaba de adolescente. O no existía. O creí que no existía… La cuestión es que hace algún tiempo me di cuenta de que los vestigios de toda esta menesunda de emociones liberadoras siguen ahí, intactos. Es difícil de explicarlo y me hallo en un punto en el que se me dificulta sobremanera encontrar palabras útiles a la causa, y ni puedo contar lo complejo que me resulta conectar lo que sigue con lo que mencioné anteriormente; así que voy al grano: hablo del “tambor” (a riesgo de que quien no tiene una relación allegada con este bártulo no pueda comprender de qué [carajo] estoy hablando). Cuando toco el tambor también siento una especie de aires de liberación: no importa de dónde ni cómo vengan, los movimientos aparecen por arte de magia, como si se tratara de un momento eureka que subsiste mientras haya golpe, dejándome en una posición tan primitiva que me concede rozar todo lo esencial que nos constituye como seres humanos; como una conjunción de energías que son ajenas a uno porque son de todos y para todos (y cómo me encantó siempre lo que es de todos y para todos!), como si fuera un espacio fuera de este espacio en el que caben tantas pero tantas cosas que podría tranquilamente hacer un paralelismo con la teoría del Big Bang. Sí, okey, no dije nada concreto (“espacio fuera de este espacio”, “cosas”…). No puedo terminar este texto estancada en la frustración de no saber explicar qué me pasa cuando suenan los tambores, así que me voy a dar la licencia de resumirlo (cobardemente): me permito ser idiota.

Luk

jueves, 28 de diciembre de 2017

Revolución

Podría estar hablando de la cantidad de torpezas que tienen lugar en un abrazo, de movimientos bruscos y errados, de lo efímero de convivir en un mismo territorio… Pero hablo del fluir eterno entre las pieles, de la inexistencia de lo errabundo, de los olores, de los tiempos y espacios que indiscretamente nos permiten coincidir… De la sensación de urgencia por romper el abismo que se revela al no poder mirarnos a los ojos. Podría estar hablando de miradas ocasionales que se entrelazan por puro azar y que se quiebran antes de formularse, pero hablo de otra cosa que no está de este lado… Y a la vez no hablo, porque tengo aún mis dudas de que ese choque brutal entre alma y alma pueda explicarse con palabras… ¿Cómo demostraría que los alrededores se prenden fuego cuando los ojos colisionan, que nos invade el calor, que el instinto nos desea quemados, que la noche es nuestra pero menos de lo que quisiéramos..?

Podría estar hablando de desencuentros, pero hablo de nuestros cuerpos organizados y en la calle, marchando juntos mientras se gesta alguna revolución.

[Luk]

miércoles, 27 de diciembre de 2017

(...) pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Girondo - 'Lo que esperamos'

jueves, 23 de noviembre de 2017

Y nosotros a penas

"... Qué más puedo decirte
acércate, levántate
mira caer la lluvia
con violencia en el pueblo
y más allá silencio
y más allá galaxias
y más allá una oscura fragancia
se apodera del mundo
en todas partes está la eternidad para el eterno
y nosotros apenas una lluvia que cae
para el amor que observa en la ventana..."

[R. G. H.]

domingo, 19 de noviembre de 2017

Alejandra Pizarnik. Sábado, 17 de junio de 1960. Diarios.

Anoche viví, por vez primera, el terror de volverme loca. Estoy sin defensas, absolutamente desnuda. Suspendida del abismo, balanceándome. No tengo deseos de nada. Hay un silencio en mí. No quiero volverme loca. Ayer pensé que quiero volver a Buenos Aires. Con mi cuerpo puedo hacer lo que quiero: viajar a cualquier país, ir a cualquier lado. Pero mi silencio y mi tristeza no siguen a mi cuerpo. Me siento más triste que nunca. Tal vez tengo lo que llaman «manía depresiva». He recibido una hermosa carta de Roberto J. «Déjate ir», dice. Pero Roberto cree enormemente en los valores del espíritu, posiblemente jamás se preocupó de la locura, jamás se preocupó de saber o sentir si es loco o no. Sabe y siente que es poeta y por lo tanto un ser diferente. Yo también sé y siento que soy diferente, pero también sé y siento mi enfermedad, su peso, su fuerza. Volver a Buenos Aires y psicoanalizarme. Pero ¿de dónde obtendré dinero para ello? Más valdría suicidarme, ahorrarme los meses o los años de sufrimiento atroz que me esperan, que ya están, que ya fueron y serán. «Soy un fue, un es y un será cansado.»

Sea cuando fuere, tarde o temprano, tendré que suicidarme. La vida no es para mí.

Ayer, mientras tenía miedo de la locura, alguien reía dentro de mí: «Y sos vos la que quiere escribir novelas, vos la que quiere hacer los poemas más bellos». Y la voz reía.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Vuélvete la caricia

Vuélvete la caricia.
No quiero que limites 
tus ojos en mi cuerpo.
Mi senda es el espacio. 

Recorrerme es huirse de todos los senderos... 
Soy el desequilibrio danzante de los astros.

[Julia De Burgos]

domingo, 1 de octubre de 2017

Si alguna vez...

Si alguna vez no hubieses existido,
si el calor de tus muslos no me hubiese
buscado como un látigo preciso
y mis ambigüedades electivas
-los días más oscuros de mí mismo-
no te hubiesen tenido como saldo
de afirmación o excusa,
es posible
que este volver a casa en soledad
y demasiado pronto,
me recordase ahora un poco menos
al joven que apostaba por el mundo,
con el mundo a su espalda.

Sólo el amor es duro.
Metidos en la noche, regresando
entre la potestad y la mentira,
hablamos del poder o de los sueños
al hablar del abrazo.
Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo
prisionero de un cuerpo o libre junto a él,
buscando salvación o en servidumbre,
miserable y maldito, pero atónito.

Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de tu reino,
que necesito ahora desmentirte,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir.

Porque somos así seguramente,
huellas equivocadas,
solitarias hogueras de un camino,
paraísos de cuatro habitaciones
que sólo se comprenden
después de haber firmado muchas veces,
precisamente ahí,
donde pone El viajero.

Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,
quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.

Luis García Montero

martes, 26 de septiembre de 2017

Fin del mundo/ comunicado

Que el 23 de septiembre es el fin del mundo, que no digas boludeces, que la gente que dice “setiembre” me da por las pelotas pero más me da por las pelotas la gente que no tiene corazón, que me hice amiga de lo cursi, que Simona dice que hay que levantarse porque ya es de día y a mí tanto sol me nubla la vista y levantarme es asumirme y para mí todavía es de noche, y que la confianza es la base de cualquier vínculo, que me quedé sola en la esquina, que sigo en la esquina, que odio la esquina, que trato de que no, que no, que no debo, que me deseo hecha piedra, que me deseo, me culpo, me mastico todos y cada uno de los pensamientos que emergen como navajas, y los transito, y los abrazo, y que es curioso que la cantidad de desgracia sea directamente proporcional a la cantidad de poesía, que en la adversidad encuentro palabras, que no puedo expresarlas, que el lenguaje está en todos, que me quedé sin habla,  que putear es liberador y si te digo “forro” es porque te amo, que me conociste contradiciendo, que hice desastre y que soy un desastre, “pero qué lindo desastre!”, que tenemos contratiempos pero también somos contrapunto, y que tu música me gusta y nunca lo admití, que me siento fatal pero por fin me siento… Que lo siento mucho, que arrepentirse es una cagada y que ya me estoy arrepintiendo de lo que acabo de decir, que la cabeza me está matando, que no creí que las manos fueran tan significativas y sin embargo es un recuerdo que me pesa más que muchos otros, que hay recuerdos que me sentencian a muerte, que estoy exagerando, que me conozco, que siempre fui apocalíptica y que hoy “es el fin del mundo” – recuerdo- que hago mueca que se suicida antes de ser sonrisa.

[ L H ]

jueves, 21 de septiembre de 2017

Pronóstico reservado


Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algún modo previsto
ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido

todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron

hasta aquí había hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aqui habia apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor

con un solo pronostico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahi nomas lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha

creo que tenes razon
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo

hace mucho muchisimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno

ahora estoy solo
francamente
solo

siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado

antes de regresar
a mis lobregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.

[M. B.]