domingo, 4 de febrero de 2018

De " Lo íntimo " de Francois Jullien. 1940. Estación.

"El hombre se encuentra solo en un vagón atestado. (...) hay allí una mujer también sola, sin equipaje - no se sabe de dónde ni cómo ha subido a ese vagón.  Una mirada se detiene en ella, unos fragmentos de frases intercambiadas ... de instante en instante, prudentemente,sinuosamente se acercan.  El sólo sabrá de ella que acaba de salir de prisión ... (...)  El se acuesta en la oscuridad al lado de ella. Se da vuelta sobre ella en un gesto nítido, no brutal, que ella consiente, la penetra. Hay penetración de un cuerpo sobre otro para abrir, para emplazar ahí , en medio de todos esos cuerpos extraños, en ese extraño dormitorio ambulante y amenazado, en ese sitio de impudor en donde están bestialmente hacinados algo que sea su reverso: algo como una intimidad ...(...)  Entre ellos dos han promovido un adentro secreto donde pueden refugiarse contra ese Exterior en debacle, acechante, amenazante en el que son arrastrados "

sábado, 3 de febrero de 2018

Nostalgia del país desconocido


Encontraba papelitos
en libros
bolsos
cajones
Encontraba papelitos
con frases
direcciones
listas
como si fueran mapas
señalando
ciudades
ríos
montañas
"¿Conoces esa enfermedad febril
que se apodera de nosotros en medio de
las frías miserias, esa nostalgia del país desconocido, esa angustia de la curiosidad?"
escritos siempre al margen
guardados en lugares inverosímiles
para saltarle
 zarpazo de León
cuando menos los espera
Si ella pudiera reunirlos
encontraría la lógica secreta
del rompecabezas de su vida
o seguiría faltando la pieza?
Si ella pudiera reunirlos
a todos esos papelitos
escritos a lo largo
y a lo ancho del mundo
donde creyó encontrar el amor
y lo perdió
o lo olvidó
como a uno de esos papelitos
que escribía
para grabarlo en el tiempo.

Klaudia Malatesta

viernes, 12 de enero de 2018

DEJAME ENTRAR
















"Crevel desconfía y lo comprendo. Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos."
Rayuela, capítulo 21.

martes, 9 de enero de 2018

Este texto se llama "El TYMPANON y lo malísima que soy explicando cosas pero le pongo mucha garra" (sí, se llama así)


Cuando era adolescente, era una persona bastante desinhibida. Digamos que me gustaba hacer el papel de idiota (“… el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce…”), desafiar constantemente lo establecido y provocar algo así como rupturas en cualquier ambiente en el que me encontraba. En cierta forma, me complacía desviarme del comportamiento esperado. Por ejemplo, cuando iba a los boliches, jugaba a bailar exageradamente fuera del ritmo, con frecuencia (de ser posible) delante de algún desconocido, trasladando el momento a algo completamente risible y ridículo, mientras algunas de mis amigas se acomodaban tímidamente el pelo y cuidaban cada uno de sus pasos a la vista del entorno. Me interesaba crear atmosferas que rozaran lo absurdo. También era común que optara por iniciar conversaciones con extraños sobre temas que nada tenían que ver con… Nada; el tópico no importaba demasiado porque el objetivo era generar situaciones inesperadas en el receptor, mientras que el mismo efecto se desencadenaba en mí misma, suscitando un goce cuasi escandaloso.
Ese andar me permitía, de a ratos, codearme con algo parecido a la libertad; de esa forma reafirmaba la multiplicidad de posibilidades convocadas por el mero hecho de vivir. Nunca pude lidiar con las exigencias del medio y tampoco fui buena enfrentando imposiciones… Hasta que crecí. No sé bien cuándo ni cómo, pero estoy segura que sucedió porque ahora me cuesta muchísimo sentirme lo suficientemente cómoda como para hacer el papel de idiota. Mejor dicho, como para ser idiota con libertad. Entonces soy idiota en secreto y todo lo que antes lograba trasladar a un plano más terrenal, hoy sólo pasa dentro de mi cabeza. Seguramente estén pensando “Qué triste”, sobre todo porque no existe forma alguna de reproducir esas sensaciones sin exteriorizar la idiotez que me caracterizaba de adolescente. O no existía. O creí que no existía… La cuestión es que hace algún tiempo me di cuenta de que los vestigios de toda esta menesunda de emociones liberadoras siguen ahí, intactos. Es difícil de explicarlo y me hallo en un punto en el que se me dificulta sobremanera encontrar palabras útiles a la causa, y ni puedo contar lo complejo que me resulta conectar lo que sigue con lo que mencioné anteriormente; así que voy al grano: hablo del “tambor” (a riesgo de que quien no tiene una relación allegada con este bártulo no pueda comprender de qué [carajo] estoy hablando). Cuando toco el tambor también siento una especie de aires de liberación: no importa de dónde ni cómo vengan, los movimientos aparecen por arte de magia, como si se tratara de un momento eureka que subsiste mientras haya golpe, dejándome en una posición tan primitiva que me concede rozar todo lo esencial que nos constituye como seres humanos; como una conjunción de energías que son ajenas a uno porque son de todos y para todos (y cómo me encantó siempre lo que es de todos y para todos!), como si fuera un espacio fuera de este espacio en el que caben tantas pero tantas cosas que podría tranquilamente hacer un paralelismo con la teoría del Big Bang. Sí, okey, no dije nada concreto (“espacio fuera de este espacio”, “cosas”…). No puedo terminar este texto estancada en la frustración de no saber explicar qué me pasa cuando suenan los tambores, así que me voy a dar la licencia de resumirlo (cobardemente): me permito ser idiota.

Luk

jueves, 28 de diciembre de 2017

Revolución

Podría estar hablando de la cantidad de torpezas que tienen lugar en un abrazo, de movimientos bruscos y errados, de lo efímero de convivir en un mismo territorio… Pero hablo del fluir eterno entre las pieles, de la inexistencia de lo errabundo, de los olores, de los tiempos y espacios que indiscretamente nos permiten coincidir… De la sensación de urgencia por romper el abismo que se revela al no poder mirarnos a los ojos. Podría estar hablando de miradas ocasionales que se entrelazan por puro azar y que se quiebran antes de formularse, pero hablo de otra cosa que no está de este lado… Y a la vez no hablo, porque tengo aún mis dudas de que ese choque brutal entre alma y alma pueda explicarse con palabras… ¿Cómo demostraría que los alrededores se prenden fuego cuando los ojos colisionan, que nos invade el calor, que el instinto nos desea quemados, que la noche es nuestra pero menos de lo que quisiéramos..?

Podría estar hablando de desencuentros, pero hablo de nuestros cuerpos organizados y en la calle, marchando juntos mientras se gesta alguna revolución.

[Luk]

miércoles, 27 de diciembre de 2017

(...) pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Girondo - 'Lo que esperamos'

jueves, 23 de noviembre de 2017

Y nosotros a penas

"... Qué más puedo decirte
acércate, levántate
mira caer la lluvia
con violencia en el pueblo
y más allá silencio
y más allá galaxias
y más allá una oscura fragancia
se apodera del mundo
en todas partes está la eternidad para el eterno
y nosotros apenas una lluvia que cae
para el amor que observa en la ventana..."

[R. G. H.]