miércoles, 15 de julio de 2015

Nunca se sabe

"Nunca se sabe, hasta el final, si lo que un día cualquiera nos sucede es historia o simple contingencia, si es todo (por trivial que parezca) o es nada (por doloroso que sea)."

Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sabato

miércoles, 17 de junio de 2015

"Alguna vez había creído en el amor como enriquecimiento, exaltación de las potencias intercesoras. Un día se dio cuenta de que sus amores eran impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos incómodo."
Julio Cortázar
 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Entre Hormigones

Sigue durmiendo, que no quiero que me veas
escupiendo los flecos de tu falda otra vez,
que encontré por los bares y me los metí a pares
entre el hueso y la piel,
sueña despacio con mi palacio,
que es el paraíso en que piso aunque sea un mojón
con tu nombre escrito por los rinconcitos
de su corazon,
cuando despiertes caerás conmigo en el barrizal,

y entre hormigones me verás, entre lunas de alquitrán,
entre sus pezones tiesos,
con las persianas levantás, que a la puta oscuridad
le sobran besos.

Si estás cansada yo te vigilo las hadas
que se van en manada con un trote cabrón,
a lo alto de un cerro
para ver el entierro de la imaginación,

sigue roncando y, de vez en cuando, afloja correa
que veas que yo sigo aquí,
de mala ralea, siempre de berrea, queriendo gemir,
cuando despiertes estaré con los charcos en los pies,

y
aquí estaré, esperando a que pises
todas las mañanas grises y las tardes tuertas,
aquí, de pie, quejío de la acera,
el martillo para espejos de no ver,
querrás saber manantiales
que en mi boca desembocan como lava hambrienta,
te contaré que nunca fuí un poeta,
para las arrugas viejas soy José.


[MAREA]

martes, 31 de marzo de 2015

Confío plenamente...

“Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser.””

Julio Cortázar

miércoles, 6 de agosto de 2014



Hija,
(empiezo con la palabra “hija” y aún me da cosquilleo)
Tengo tanto para contarte! Pero tengo toda la vida, y te la regalo con todo mi amor.
En este momento te tengo al lado mío, casi dormida, y escribo entre mimos en la nariz y “teamos” que te digo cada vez que te miro porque me da la sensación de que de alguna manera te tranquiliza (porque es mentira que los bebés no entienden. Los bebés nacen entendiendo TODO sobre el amor).
Hija, tengo tanto para contarte! Hoy día, al mes y medio de vida, ya me mostrás algunas risitas cuando te hablo, imagínate cuando te cuente, por ejemplo, cuando papi cambió tu primer pañal… Yo llorando a lágrima viva (cómo diría Oliverio… Ya te contaré, Monita), llorando de felicidad, todavía tratando de acomodar en algún lado todo eso que salió a la vez que vos saliste de mi panza, y papito haciendo malabares con nosotras, que somos mujeres y somos difíciles, y eso él lo entendió en seguida y lo recibió con esa sonrisa que hace, que  le frunce toda la cara y tanto me enamora, y tanto te enamora… Y cambió el pañal como pudo, como supo, mientras nos mirábamos sin entender demasiado la situación, pero recordando cuántas veces habíamos fantaseado con ese momento mientras te hacíamos caricias desde el ombligo…
Simona, mirá cuando te cuente de las tardes que dedicamos con papito a decorar tu cuarto para que los colores te llenen de alegría cada vez que te despiertes… Cuando te cuente que pintamos la pared de blanco para que en cuento puedas empieces a plasmar tu arte con inspiración y témperas, con los peluches como espectadores allá desde el estante que colgó papá.
Hija, monita, amor de nuestras vidas… Te vas a reír hasta el cansancio cuando te relatemos la aventura de tu primer baño, hoy ya tan lejana y superada por otros baños que disfrutaste tanto…
Imaginate cuando pintemos y decoremos los cajones de manzana en los días feos o, si hace calor, vayamos a la Agronomía a andar en bici bajo la lluvia (sí monita, con frío no sería posible… Estoy aprendiendo que los padres somos miedosos, y que el resfrío, que esto, que lo otro…)…
Ya dormida a mi lado, mi bebé, tengo tanto para contarte… Como por ejemplo que todavía atravieso de vez en cuando la misma sensación que en el momento en que te pusieron en mis brazos por primera vez y abandonaste el llanto como por arte de magia… La misma sensación que cuando te aferraste a mi pecho y te hiciste bolita mientras tomabas la leche y yo te abrazaba fuerte como protegiéndote del mundo. Ya entenderás, bebé linda, por qué a veces te miro y se me cae una lágrima. Ya entenderás que la felicidad que vos nos trajiste es muy difícil de contener adentro, y se escapa por los ojos y en forma de abrazos y besos porque, en una de esas, entendés al menos un poquito…
Tenemos tanto para contarte!
Dormí, Monita. Soñá, Monita… Que papito y yo tenemos toda la vida para vos.

jueves, 8 de mayo de 2014

Doy a luz.

“Doy a luz. Me gusta dar a luz. Me gustaban los partos -Mi madre es partera- Siempre me agradó ver parir a una mujer. Parir “como se debe”. Llevar a cabo su acto, su pasión, dejándose llevar, pujando como se piensa, medio empujada, medio manejando la contracción, esa mujer se confunde con lo incontrolable que ella hace suyo. ¡Su bella potencia, pues! Parir del modo en que se nada, gozando de la resistencia de la carne, del mar, trabajo del soplo en el que se anula la noción de “dominio”, cuerpo a su propio cuerpo, la mujer se sigue, se une, se desposa. Está ahí. entera. Movilizada, y es de su cuerpo que se trata, de la carne de su carne. ¡Por fin! Ella es esta vez, entre todas, de ella misma, y si se quiere así, no está ausente, no está fugándose, puede tomarse y darse a ella misma. Al mirarlas parirse, aprendí a amar a las mujeres, a presentir y desear la potencia y los recursos de la feminidad; a sorprenderme de que semejante inmensidad pueda ser absorbida, tapada, en lo cotidiano. A quien yo veía no era a la “madre”. El niño sí, la mira. Yo no. Era a la mujer en el colmo de su carne, su goce, la fuerza por fin liberada, manifiesta. Su secreto. Si te vieras, ¿cómo no te amarías? Ella pare. Con la fuerza de una leona. De una planta. De una cosmogonía. De una mujer. Ella toma su fuente. Tira. Riendo. ¡Y tras las huellas del niño, una ráfaga del Soplo! ¡Un ansia de texto! ¡Confusión! ¿Qué le pasa? ¡Un niño! ¡Papel! ¡Ebriedades! ¡Yo desbordo! ¡Mis pechos desbordan! Leche. Tinta. La hora de la mamada. ¿Y yo? Yo también tengo hambre. ¡El sabor de la leche de la tinta!” [Helene Cixous]