Julio Cortázar
martes, 31 de marzo de 2015
Confío plenamente...
“Y debo decir que confío plenamente en
la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que
si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago
mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece
el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi
momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a
no ser.””
sábado, 17 de enero de 2015
miércoles, 6 de agosto de 2014
Hija,
(empiezo con la palabra “hija” y aún me da cosquilleo)
Tengo tanto para contarte! Pero tengo toda la vida, y te la
regalo con todo mi amor.
En este momento te tengo al lado mío, casi dormida, y
escribo entre mimos en la nariz y “teamos” que te digo cada vez que te miro
porque me da la sensación de que de alguna manera te tranquiliza (porque es
mentira que los bebés no entienden. Los bebés nacen entendiendo TODO sobre el
amor).
Hija, tengo tanto para contarte! Hoy día, al mes y medio de
vida, ya me mostrás algunas risitas cuando te hablo, imagínate cuando te
cuente, por ejemplo, cuando papi cambió tu primer pañal… Yo llorando a lágrima
viva (cómo diría Oliverio… Ya te contaré, Monita), llorando de felicidad,
todavía tratando de acomodar en algún lado todo eso que salió a la vez que vos
saliste de mi panza, y papito haciendo malabares con nosotras, que somos
mujeres y somos difíciles, y eso él lo entendió en seguida y lo recibió con esa
sonrisa que hace, que le frunce toda la
cara y tanto me enamora, y tanto te enamora… Y cambió el pañal como pudo, como
supo, mientras nos mirábamos sin entender demasiado la situación, pero
recordando cuántas veces habíamos fantaseado con ese momento mientras te
hacíamos caricias desde el ombligo…
Simona, mirá cuando te cuente de las tardes que dedicamos
con papito a decorar tu cuarto para que los colores te llenen de alegría cada
vez que te despiertes… Cuando te cuente que pintamos la pared de blanco para
que en cuento puedas empieces a plasmar tu arte con inspiración y témperas, con
los peluches como espectadores allá desde el estante que colgó papá.
Hija, monita, amor de nuestras vidas… Te vas a reír hasta el
cansancio cuando te relatemos la aventura de tu primer baño, hoy ya tan lejana
y superada por otros baños que disfrutaste tanto…
Imaginate cuando pintemos y decoremos los cajones de manzana
en los días feos o, si hace calor, vayamos a la Agronomía a andar en bici bajo
la lluvia (sí monita, con frío no sería posible… Estoy aprendiendo que los
padres somos miedosos, y que el resfrío, que esto, que lo otro…)…
Ya dormida a mi lado, mi bebé, tengo tanto para contarte…
Como por ejemplo que todavía atravieso de vez en cuando la misma sensación que en
el momento en que te pusieron en mis brazos por primera vez y abandonaste el
llanto como por arte de magia… La misma sensación que cuando te aferraste a mi
pecho y te hiciste bolita mientras tomabas la leche y yo te abrazaba fuerte
como protegiéndote del mundo. Ya entenderás, bebé linda, por qué a veces te
miro y se me cae una lágrima. Ya entenderás que la felicidad que vos nos
trajiste es muy difícil de contener adentro, y se escapa por los ojos y en
forma de abrazos y besos porque, en una de esas, entendés al menos un poquito…
Tenemos tanto para contarte!
Dormí, Monita. Soñá, Monita… Que papito y yo tenemos toda la vida para vos.
Dormí, Monita. Soñá, Monita… Que papito y yo tenemos toda la vida para vos.
jueves, 8 de mayo de 2014
Doy a luz.
“Doy a luz. Me gusta dar a luz. Me gustaban los partos -Mi madre es partera- Siempre me agradó ver parir a una mujer. Parir “como se debe”. Llevar a cabo su acto, su pasión, dejándose llevar, pujando como se piensa, medio empujada, medio manejando la contracción, esa mujer se confunde con lo incontrolable que ella hace suyo. ¡Su bella potencia, pues! Parir del modo en que se nada, gozando de la resistencia de la carne, del mar, trabajo del soplo en el que se anula la noción de “dominio”, cuerpo a su propio cuerpo, la mujer se sigue, se une, se desposa. Está ahí. entera. Movilizada, y es de su cuerpo que se trata, de la carne de su carne. ¡Por fin! Ella es esta vez, entre todas, de ella misma, y si se quiere así, no está ausente, no está fugándose, puede tomarse y darse a ella misma. Al mirarlas parirse, aprendí a amar a las mujeres, a presentir y desear la potencia y los recursos de la feminidad; a sorprenderme de que semejante inmensidad pueda ser absorbida, tapada, en lo cotidiano. A quien yo veía no era a la “madre”. El niño sí, la mira. Yo no. Era a la mujer en el colmo de su carne, su goce, la fuerza por fin liberada, manifiesta. Su secreto. Si te vieras, ¿cómo no te amarías? Ella pare. Con la fuerza de una leona. De una planta. De una cosmogonía. De una mujer. Ella toma su fuente. Tira. Riendo. ¡Y tras las huellas del niño, una ráfaga del Soplo! ¡Un ansia de texto! ¡Confusión! ¿Qué le pasa? ¡Un niño! ¡Papel! ¡Ebriedades! ¡Yo desbordo! ¡Mis pechos desbordan! Leche. Tinta. La hora de la mamada. ¿Y yo? Yo también tengo hambre. ¡El sabor de la leche de la tinta!”
[Helene Cixous]
viernes, 25 de abril de 2014
No sé cuando me gustaste más
"Te vi follar y fallar y no sé cuando me gustaste más:
cuando te contemplé proclamándote Dios
martes, 1 de octubre de 2013
Entre paréntesis y casos hipotéticos
Empiezo a
entender que los paréntesis son un recurso cómodo, una forma cuasi absurda de
mantenerme contenida y cerca de los buenos entendidos. Ahora, los casos hipotéticos
constantes son una mera consecuencia de mi inacción. La comodidad de estar en
todos lados a la vez, sin la necesidad de actuar en ninguno en particular (estar
en la misa y en la procesión, como dicen) (y lo digo entre paréntesis un poco
para no hacerme cargo ni de la misa ni de la procesión).
Pero,
volviendo un poco a mí… Han sido pronunciadas las palabras mágicas para cerrar
un tiempo, para acabar con la magia de historias de viajes en colectivo, para
dejar morir los puntos, las comas e incluso los paréntesis y los conceptos que solían encerrar, para dejar únicamente
los silencios (de los incómodos), hasta que por fin tampoco haya ni siquiera
silencios y el lugar se lo gane la ausencia. Porque parece que la ausencia, en
algunos casos, trae la felicidad, y negar la felicidad sería una tontera para
el 90% de la población, y para el 10 que resta, sería parte del sufrir la vida
y celebrar la muerte que ni vos ni yo profesamos.
"En el peor de los equívocos,
estoy seguro de que siempre habrá pájaros y nubes entre nosotros. (...) ya lo
irás sabiendo." [J. C.]
lunes, 9 de septiembre de 2013
No lamento haberte conocido
"Debimos entender desde el principio que los fuegos pirotécnicos, las
escalas y los arpegios son inherentes a los preludios. Que hay música en
los desencuentros. Que los desfases y las aparentes descoordinaciones
son fugas necesarias que repelen y atraen y repelen y finalmente funden
esas cuatro manos en una sola melodía.
No lamento haberte conocido. Me da pena porque no fuimos sabios con el tiempo. Porque no pudimos esperar a que llegara nuestro andante o nuestro allegro; porque nos malgastamos en los contrapuntos. Me da pena porque nos graduamos en la escuela de los que archivan los rencores.
No debimos hacerlo. Fuimos ocupando las cinco paralelas del corazón con notaciones amargas hasta que abandonamos la orquesta: al tararear un segundo movimiento, sin saber que habíamos vencido, nos apresuramos a sentirnos cansados y los cansados dicen adiós.
No me quejo, pero no me dicen nada –aunque finja– las arboledas; no me cantan los silbados del afilador; no me espantan los ladrones del barrio ni las noticias de los últimos días sobre el deshielo de los polos. No me mueven ni el viento ni las ganas de salir corriendo. El mundo puede irse a la derecha si quiere, y no me sorprende porque las aventuras y el progreso, la música de sintetizador y los gobiernos perfectos, las letras suavecitas y los ateos o cristianos o musulmanes o judíos me tienen sin cuidado. Imagina: lo más entretenido en estos días es regresar a la estufa esa olla en la que preparo un caldo con tus recuerdos.
Hasta hace poco, cada tarde salía a las calles y me sembraba en el piso. Sacaba un puñado de clavos y remachaba mis pies en la banqueta. Si al segundo día me esperaban cien personas, a la semana eran hordas que aplaudían y gritaban y lanzaban monedas o hacían piruetas . La tarde en que no me presenté se comentaron pocas cosas. Y aunque me conocían y sabían dónde vivía, no me obsequiaban siquiera una mirada si me encontraban, por casualidad, en el mercado, la tintorería o la tienda. Así aprendí que la tristeza no se expone al sol, no se vuelve espectáculo porque llegan las moscas. Aprendí que los muertos no provocan siquiera la compasión de los sepultureros. Desde entonces la paso en este encierro pensando en lo que no hicimos, en cómo dejamos que nos ganara el cansancio.
No fuimos sabios con el tiempo. Nos ganó un preludio y como novatos, decepcionados, nos retiramos del concierto.
No lamento haberte conocido. En todo caso, lo juro, lamento haberme quedado con tantos recuerdos."
No lamento haberte conocido. Me da pena porque no fuimos sabios con el tiempo. Porque no pudimos esperar a que llegara nuestro andante o nuestro allegro; porque nos malgastamos en los contrapuntos. Me da pena porque nos graduamos en la escuela de los que archivan los rencores.
No debimos hacerlo. Fuimos ocupando las cinco paralelas del corazón con notaciones amargas hasta que abandonamos la orquesta: al tararear un segundo movimiento, sin saber que habíamos vencido, nos apresuramos a sentirnos cansados y los cansados dicen adiós.
No me quejo, pero no me dicen nada –aunque finja– las arboledas; no me cantan los silbados del afilador; no me espantan los ladrones del barrio ni las noticias de los últimos días sobre el deshielo de los polos. No me mueven ni el viento ni las ganas de salir corriendo. El mundo puede irse a la derecha si quiere, y no me sorprende porque las aventuras y el progreso, la música de sintetizador y los gobiernos perfectos, las letras suavecitas y los ateos o cristianos o musulmanes o judíos me tienen sin cuidado. Imagina: lo más entretenido en estos días es regresar a la estufa esa olla en la que preparo un caldo con tus recuerdos.
Hasta hace poco, cada tarde salía a las calles y me sembraba en el piso. Sacaba un puñado de clavos y remachaba mis pies en la banqueta. Si al segundo día me esperaban cien personas, a la semana eran hordas que aplaudían y gritaban y lanzaban monedas o hacían piruetas . La tarde en que no me presenté se comentaron pocas cosas. Y aunque me conocían y sabían dónde vivía, no me obsequiaban siquiera una mirada si me encontraban, por casualidad, en el mercado, la tintorería o la tienda. Así aprendí que la tristeza no se expone al sol, no se vuelve espectáculo porque llegan las moscas. Aprendí que los muertos no provocan siquiera la compasión de los sepultureros. Desde entonces la paso en este encierro pensando en lo que no hicimos, en cómo dejamos que nos ganara el cansancio.
No fuimos sabios con el tiempo. Nos ganó un preludio y como novatos, decepcionados, nos retiramos del concierto.
No lamento haberte conocido. En todo caso, lo juro, lamento haberme quedado con tantos recuerdos."
Algo sobre el preludio, Camas Separadas
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