
“Era, sí. Pero ahora vengo un poco de ti.”
Decía [y sigue diciendo desde algún lado] Mario Benedetti.
Mi pasado ha empezado a reclamarme.
Hace unos días que mi yo anterior anda enojado. Me pide constantemente que retome mi viejo esqueleto, y no entiende que no puedo. Le explico que me extraño, pero que las cosas a veces deben cambiar. Se lo digo actuando un tono conformista, y luego lo dejo hablando solo, y me voy corriendo, Saltando los charcos.
Las cosas, a veces, deben cambiar?
Extraño mis impulsos, mis “no me importa nada”. Extraño algo de eso que era tan mío. Extraño no encontrar en mi diccionario la palabra “represión” [que con tanta fuerza escribió un flaquito y hasta me rompió algunas hojas].
Extraño no pensar y no saber lo que ahora sé y me parece que me sobra [o quisiera que me sobre].
Por qué no me deja ser yo?
A mi el flaquito me gusta, con sábanas y sin ellas. Me gusta de noche, y de día tengo que extrañarlo… Como me extraño a mi.
Empieza a dolerme cuando lo veo y algo dentro de mí empieza a rasguñarme, queriendo salir, a veces por la boca otras veces por las manos. A dolerme, a enojarme, a ponerme triste, a no gustarme…
Dejemos de lado las falsas etiquetas que a la sociedad tanto le gusta insertarnos en la frente. Esto no se trata de lo que hacemos cuando somos lo que somos, se trata de no ser nunca y de hacer lo que queramos! En tu cuarto y en la calle. Se trata de olvidarnos un poco del tiempo y de todo aquello que resulta tan innecesario, de no creernos la mentira de que actuar de cierta forma te convierte en cierta cosa, o que tal o cual titulo condicione nuestras acciones. Yo no quiero recibirme de idiota.
Lucila grita “No me importa nada” de ese todo que a vos tanto te toca.
“Pero si pese a todo no puedes evitarlo… No te quedes conmigo”.
Correr cansa cuando no se llega a ningún lado.
Decía [y sigue diciendo desde algún lado] Mario Benedetti.
Mi pasado ha empezado a reclamarme.
Hace unos días que mi yo anterior anda enojado. Me pide constantemente que retome mi viejo esqueleto, y no entiende que no puedo. Le explico que me extraño, pero que las cosas a veces deben cambiar. Se lo digo actuando un tono conformista, y luego lo dejo hablando solo, y me voy corriendo, Saltando los charcos.
Las cosas, a veces, deben cambiar?
Extraño mis impulsos, mis “no me importa nada”. Extraño algo de eso que era tan mío. Extraño no encontrar en mi diccionario la palabra “represión” [que con tanta fuerza escribió un flaquito y hasta me rompió algunas hojas].
Extraño no pensar y no saber lo que ahora sé y me parece que me sobra [o quisiera que me sobre].
Por qué no me deja ser yo?
A mi el flaquito me gusta, con sábanas y sin ellas. Me gusta de noche, y de día tengo que extrañarlo… Como me extraño a mi.
Empieza a dolerme cuando lo veo y algo dentro de mí empieza a rasguñarme, queriendo salir, a veces por la boca otras veces por las manos. A dolerme, a enojarme, a ponerme triste, a no gustarme…
Dejemos de lado las falsas etiquetas que a la sociedad tanto le gusta insertarnos en la frente. Esto no se trata de lo que hacemos cuando somos lo que somos, se trata de no ser nunca y de hacer lo que queramos! En tu cuarto y en la calle. Se trata de olvidarnos un poco del tiempo y de todo aquello que resulta tan innecesario, de no creernos la mentira de que actuar de cierta forma te convierte en cierta cosa, o que tal o cual titulo condicione nuestras acciones. Yo no quiero recibirme de idiota.
Lucila grita “No me importa nada” de ese todo que a vos tanto te toca.
“Pero si pese a todo no puedes evitarlo… No te quedes conmigo”.
Correr cansa cuando no se llega a ningún lado.
[Luk]




