jueves, 28 de diciembre de 2017

Revolución

Podría estar hablando de la cantidad de torpezas que tienen lugar en un abrazo, de movimientos bruscos y errados, de lo efímero de convivir en un mismo territorio… Pero hablo del fluir eterno entre las pieles, de la inexistencia de lo errabundo, de los olores, de los tiempos y espacios que indiscretamente nos permiten coincidir… De la sensación de urgencia por romper el abismo que se revela al no poder mirarnos a los ojos. Podría estar hablando de miradas ocasionales que se entrelazan por puro azar y que se quiebran antes de formularse, pero hablo de otra cosa que no está de este lado… Y a la vez no hablo, porque tengo aún mis dudas de que ese choque brutal entre alma y alma pueda explicarse con palabras… ¿Cómo demostraría que los alrededores se prenden fuego cuando los ojos colisionan, que nos invade el calor, que el instinto nos desea quemados, que la noche es nuestra pero menos de lo que quisiéramos..?

Podría estar hablando de desencuentros, pero hablo de nuestros cuerpos organizados y en la calle, marchando juntos mientras se gesta alguna revolución.

[Luk]

miércoles, 27 de diciembre de 2017

(...) pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Girondo - 'Lo que esperamos'

jueves, 23 de noviembre de 2017

Y nosotros a penas

"... Qué más puedo decirte
acércate, levántate
mira caer la lluvia
con violencia en el pueblo
y más allá silencio
y más allá galaxias
y más allá una oscura fragancia
se apodera del mundo
en todas partes está la eternidad para el eterno
y nosotros apenas una lluvia que cae
para el amor que observa en la ventana..."

[R. G. H.]

domingo, 19 de noviembre de 2017

Alejandra Pizarnik. Sábado, 17 de junio de 1960. Diarios.

Anoche viví, por vez primera, el terror de volverme loca. Estoy sin defensas, absolutamente desnuda. Suspendida del abismo, balanceándome. No tengo deseos de nada. Hay un silencio en mí. No quiero volverme loca. Ayer pensé que quiero volver a Buenos Aires. Con mi cuerpo puedo hacer lo que quiero: viajar a cualquier país, ir a cualquier lado. Pero mi silencio y mi tristeza no siguen a mi cuerpo. Me siento más triste que nunca. Tal vez tengo lo que llaman «manía depresiva». He recibido una hermosa carta de Roberto J. «Déjate ir», dice. Pero Roberto cree enormemente en los valores del espíritu, posiblemente jamás se preocupó de la locura, jamás se preocupó de saber o sentir si es loco o no. Sabe y siente que es poeta y por lo tanto un ser diferente. Yo también sé y siento que soy diferente, pero también sé y siento mi enfermedad, su peso, su fuerza. Volver a Buenos Aires y psicoanalizarme. Pero ¿de dónde obtendré dinero para ello? Más valdría suicidarme, ahorrarme los meses o los años de sufrimiento atroz que me esperan, que ya están, que ya fueron y serán. «Soy un fue, un es y un será cansado.»

Sea cuando fuere, tarde o temprano, tendré que suicidarme. La vida no es para mí.

Ayer, mientras tenía miedo de la locura, alguien reía dentro de mí: «Y sos vos la que quiere escribir novelas, vos la que quiere hacer los poemas más bellos». Y la voz reía.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Vuélvete la caricia

Vuélvete la caricia.
No quiero que limites 
tus ojos en mi cuerpo.
Mi senda es el espacio. 

Recorrerme es huirse de todos los senderos... 
Soy el desequilibrio danzante de los astros.

[Julia De Burgos]

domingo, 1 de octubre de 2017

Si alguna vez...

Si alguna vez no hubieses existido,
si el calor de tus muslos no me hubiese
buscado como un látigo preciso
y mis ambigüedades electivas
-los días más oscuros de mí mismo-
no te hubiesen tenido como saldo
de afirmación o excusa,
es posible
que este volver a casa en soledad
y demasiado pronto,
me recordase ahora un poco menos
al joven que apostaba por el mundo,
con el mundo a su espalda.

Sólo el amor es duro.
Metidos en la noche, regresando
entre la potestad y la mentira,
hablamos del poder o de los sueños
al hablar del abrazo.
Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo
prisionero de un cuerpo o libre junto a él,
buscando salvación o en servidumbre,
miserable y maldito, pero atónito.

Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de tu reino,
que necesito ahora desmentirte,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir.

Porque somos así seguramente,
huellas equivocadas,
solitarias hogueras de un camino,
paraísos de cuatro habitaciones
que sólo se comprenden
después de haber firmado muchas veces,
precisamente ahí,
donde pone El viajero.

Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,
quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.

Luis García Montero