Yo creo que la música ayuda siempre a comprender un poco este asunto.
Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada. Lo
único que hago es darme cuenta de que hay algo. Como esos sueños, no es
cierto, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y
tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no estás
nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de
repente estás acostado con una chica preciosa y todo es divinamente
perfecto.
[J. C.]
lunes, 18 de enero de 2016
Urgente
"… Siempre me imaginaba a mí misma en situaciones que me
suponían en un estado de vulnerabilidad tal, que se convertía en casi una
obligación para los visitantes escupirme en la cara todo aquello que,
eventualmente, no podrían. Situaciones en que el tiempo no sólo resultara
escaso, sino que faltara, que ahogara, presentándose en su máxima expresión de
tiranía. Digamos que me gustaba crear una atmósfera de urgencia. A mí la vida
siempre me pareció algo urgente.
Tal vez fue por eso que nada de esto funcionó. No era
suficiente para mí respetar los tiempos de la cotidianeidad, la crudeza de los
momentos ralentizando el amor (¿el amor?). Había que jugar a la muerte, a
traerlo todo aquí y ahora. Un instante tenía que bastar para sabernos desnudos
hasta los huesos o, de lo contrario, irnos a cualquier otra cosa.
Por algún motivo, contrario a mis modos y muy por fuera de
mis necesidades, seguí insistiendo, alentando la dinámica de acción y reacción. Absurdo. Idiota."
[L. H.]
[L. H.]
viernes, 1 de enero de 2016
Hay que desnudarse
Aunque haya decidido empezar el año profesando una curiosa
libertad, las decisiones, muchas veces, no llegan a la par de los sentimientos.
Me propuse pensar menos y ahí se disparó en mi cabeza una nómina de sinsentidos
que hasta hoy no sabía que existían. Cuando se cree que en la vida ya queda
poco que a uno lo sorprenda, es cuando se presentan los absurdos y las
contradicciones.
Evaluando, entendiendo, la libertad conlleva este tipo de
cuestiones. Si uno se dispone a quedarse livianito y dejarse llevar por cuanto
sucede, también es libertad, libertad apasionada, y esto trae consecuencias, y
no asumirlas es asumirlas cobardemente, está claro. ¿Pero cómo es posible que
sea más sensato abrir el paraguas antes de que llueva? Nosotros no somos ni
siquiera de los que llevan paraguas.
Siempre estuve convencida de que uno no encuentra lo que no
está buscando, pero me sucede, cada vez con mayor frecuencia, que ya no
significa un pendiente importante saber por qué. Pasa lo que pasa, llega lo que
llega. Tomarlo, dejarlo, casi siempre da lo mismo. Eventualmente, sale la luna
otra vez y estamos nuevamente sumidos en la vulnerabilidad de las profundas
confesiones y después viene el “qué nos pasa” y el impulso, y el quedarse ahí
mismo, incluso cuando ya nos fuimos y no estamos seguros si estuvimos o no.
Para ser libre primero hay que desnudarse.
>> Luk <<
>> Luk <<
jueves, 31 de diciembre de 2015
"Esa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, agujero en
la red del tiempo, esa manera de estar entre, no por encima o detrás
sino entre, esa hora orificio a la que se accede al socaire de las otras
horas, de la incontable vida con sus horas de frente y de lado, su
tiempo para cada cosa, sus cosas en el preciso tiempo, estar en una
pieza de hotel o de un andén, estar mirando una vitrina, un perro, acaso
teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en
esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde
la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus
senos, y sin
aviso, sin innecesarias advertencias de pasaje, en un café del barrio latino o en la última secuencia de una película de Pabst..."
-Prosa del observatorio (frag.), J. Cortázar-
aviso, sin innecesarias advertencias de pasaje, en un café del barrio latino o en la última secuencia de una película de Pabst..."
-Prosa del observatorio (frag.), J. Cortázar-
lunes, 9 de noviembre de 2015
La novela es la autorización de la esquizofrenia.
"Un día del pasado mes de noviembre iba conduciendo por Madrid con mi
coche; era más o menos a la hora de comer y recuerdo que me dirigía a un
restaurante en donde había quedado con unos amigos. Era uno de esos
días típicos del invierno madrileño, fríos e intensamente luminosos, con
el aire limpio y escarchado y un cielo esmaltado de laca azul
brillante. Circulaba por Modesto Lafuente o alguna de las calles
paralelas, vías estrechas y con la obligación de ceder el paso en las
esquinas, por lo que no puedes ir a más de cuarenta o cincuenta
kilómetros por hora. Así, yendo despacio, pasé junto a un edificio
antiguo de dos o tres plantas en el que jamás me había fijado. Sobre la
puerta, unas letras metálicas decían: CENTRO DE SALUD MENTAL. Debía
pertenecer a algún organismo público, porque encima había un mástil
blanco con una bandera española que se agitaba al viento. Circulaba por
delante de ese lugar, en fin, cuando de pronto, sin yo pretenderlo ni
preverlo, una parte de mí se desgajó y entró en el edificio convertida
en un enfermo que venía a internarse. Y en un fulminante e intensísimo
instante ese otro yo lo vivió todo: subió, es decir, subí, los dos o
tres escalones de la entrada, con los ojos heridos por el resol de la
fachada y escuchando el furioso flamear de la bandera, sonoro, ominoso, y
aturdidor; y pasé al interior, con el corazón aterido porque sabía que
era para quedarme, dentro todo era penumbra repentina, y un silencio
algodonoso e irreal, y olor a lejía y naftalina, y un golpe de calor
insano en las mejillas. Esa pequeña proyección de mí misma se quedó
allí, en el Centro de Salud Mental, a mis espaldas, mientras yo seguía
con mi utilitario por la calle camino del almuerzo, pensando en
cualquier futilidad, tranquila e impasible tras ese espasmo de visión
angustiosa que resbaló sobre mí como una gota de agua. Pero eso sí,
ahora yo sé cómo es internarse en un centro psiquiátrico; ahora lo he
vivido, y si algún día tengo que describirlo en un libro, sabré hacerlo,
porque una parte de mí estuvo allí y quizá aún lo esté. Ser novelista
consiste exactamente en esto. No creo que pueda ser capaz de explicarlo
mejor."
Rosa Montero, "La Loca de la Casa"
Rosa Montero, "La Loca de la Casa"
jueves, 15 de octubre de 2015
Carta de Julio Cortázar a Edith Aron, la "Maga" (Fragmento)
Querida Edith:
No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptópara pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala
del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre
Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver
verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo
perciban).Yo soy otra vez ése, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. ( ... ) Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, ( ... ) de que no le divierta la posibilidad de verme. ( ... ) Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil ( ... ) que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. ( ... ) Sería mucho
peor disimular un aburrimiento. ( ... ) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pullover.
J.-
jueves, 3 de septiembre de 2015
... Todo va a ser hermoso
"Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso."
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