martes, 7 de agosto de 2012
martes, 31 de julio de 2012
Wind is rushing in my ear
Tal vez
todo se trate de accesorios hechos de humo y filosofía, de palabras
superpuestas, de borrar sobre lo que se escribe…
… Mientras
se juega a que los casos hipotéticos vayan y vengan inquietos, mientras de
fondo se manifiesta esa brutal puesta en escena del deseo (necesariamente)
incomprendido de alcanzar la culminación en la boca, siempre en la boca… Tan esencial
y primitivo, y tan bien que así sea…
… Mientras
la realidad interrumpe (a veces dejando un sabor insoportable a pies en la
tierra).
“Rather keep
my feet on ground and my head in the clouds...”
[LUK]
jueves, 26 de julio de 2012
(Pero una ciudad, por naturaleza, cultiva insomnes)
"El lujo de
estar medio dormido, explorando sin riesgo los márgenes de la psicosis..."
[IAN McEWAN- Sábado]
[IAN McEWAN- Sábado]
martes, 24 de julio de 2012
Tenía que agitarlas
“En última
instancia, una vida no es más que la suma de hechos contingentes, una crónica
de intersecciones casuales, de azares, de sucesos fortuitos que no revelan nada
más que su propia falta de propósito.” [Paul Auster]
Releyendo, me encontré con esta frase, que creí
apropiada para explicar justamente todo aquello a lo que me opongo. Me niego
rotundamente a andar pegando saltitos en una nebulosa lejana por el mero hecho
de pegar saltitos, sin que ello desemboque en algún tipo de consecuencia. Y
creo que este punto es tan esencial en mi naturaleza, que (sí, lo admito)
tiendo a incrustar una carga en cualquier acontecimiento que tenga lugar en mi
vida. Pero también considero evidente mi preferencia por el llanto desesperado
frente a la ignorancia absoluta. Que llegue el quilombo, digamos…
Lo que busco, exactamente, es vivir un poco la vida…
No es ni tan grave ni tan nefasto como pueden creer algunos de los que andan
por ahí, pegando saltitos.
No quisiera tener la sensación constante de aguantar la
respiración, de ahogo por las circunstancias, que es comparable a la impotencia
que se siente en una sala de espera, cargando un número en la mano, esperando a
que todo llegue.
Somos grandes, y es factible que en este estadío de la
vida entendamos que cada acción tiene una reacción, que una pelusa puede traer
infinitas consecuencias dependiendo de su ubicación, que apurarse nos puede
llevar al principio del camino, y que el camino lo construye uno mismo
(volviendo siempre al principio de acción/ reacción).
Pero a mi me gusta creerme que toda la magia de la
cuestión llega cuando jugamos a ser chicos…
“No me
bastaba con dejar que las cosas siguieran su curso. Tenía que agitarlas,
llevarlas a su culminación.” [Paul Auster]
Luk
domingo, 22 de julio de 2012
Y si soñamos, fue con realidades…
Esa extraña sensación al descubrir
que la felicidad puede, tranquilamente, estar conectada a lo efímero,
a lo finito, y entonces, de repente, uno se aferra a la cinta de Moebious,
porque la idea de volver a lo mismo no está tan mala.
Y volver a lo mismo cuantas
veces sea necesario, antes de tener que pararse frente al mundo y tomar la
decisión (o no) de atravesar el precipicio.
Y volver a lo mismo, sin
pensar en eso mismo, porque uno nunca debería partir pensando en la vuelta.
Y, desde la cama, uno hace
desaparecer las circunstancias casi con el chasquido de los dedos, y después
uno también hace desaparecer el chasquido de los dedos, porque la evidencia de
que uno está soñando puede resultar peligrosa.
Y uno también desaparece,
por un rato. Un rato en el que está prohibido chequear el reloj…
… Hasta que, sin saber qué
hora es, se sabe que es hora de volver… Y lo único que resta es preguntarse qué
harán las personas que viven dentro del espejo cuando uno se haya ido (o se
halla ido, porque también puede suceder).
Y así se vuelve,
lentamente, a transitar la cinta.
“Hay
una desesperada necesidad, casi diría una obligación, de marcar al otro, a la
otra, aunque sea con los dientes… Dejar una marca propia es cosa de vida o
muerte, o de muerte solamente, porque la intención subterránea es traspasar la
muerte, es seguir existiendo después del fin.” [M.
B.]
[Luk]
sábado, 21 de julio de 2012
... Do you think when your head's full?
(We don't rely on what we get
We begin now where we aren't yet)
(...)
We begin now where we aren't yet)
(...)
Travel great distance in your mind
The world gets stronger as you start trying things
[John Frusciante- Unreachable]
miércoles, 18 de julio de 2012
Es (definitivamente) tiempo de
Preámbulo a las
instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
[Julio, otra vez y otra, y otra más]
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
[Julio, otra vez y otra, y otra más]
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