sábado, 27 de agosto de 2011

Al mejor estilo Möbius


“Hacia la nada vamos”, pensó, convencida de las ofertas inamovibles propias del destino y de las vagas declaraciones del horóscopo del día.
“Hacia la nada vamos”, repitió incansablemente.
Ya era, tal vez, una sumisión ante el escandaloso cambio de estación. Al fin y al cabo, todos y cada uno de los 23 inviernos habían sido conflictivos y procaces.
Después de cada intento de escaparse de la cinta, se hallaba a sí misma sentada en la misma silla, con las mismas medias y los mismos sujetos tácitos (“¿qué diferencia? Las mismas sombras para las mismas velas verdes.”). Pero, en el fondo, no le molestaba tanto volver siempre a lo mismo, a saltar del lunes al domingo casi sin advertir el susurro del reloj.
De vez en cuando tocaba la harmónica, donde invertía todas sus frustraciones resultantes de no haber podido aprender a tocar la guitarra. Algo triste, sí, pero dicen que de lo triste también nacen cosas lindas (dicen). Y después, casi siempre, estampaba algunas palabras contra la pared para no olvidarlas nunca.

[Luk]

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